por Guillermo Monsanto
Una de las expresiones más interesantes en la cultura guatemalteca está representada por el género popular. Los artistas, en su mayoría indígenas, se han apropiado a lo largo de los años de herramientas convencionales para hacerlas suyas: pinturas, pincel y lienzo sirven para expresar, de modo personal, la rica cosmovisión que los envuelve. El desarrollo y crecimiento ha desembocado en una escuela que, a estas alturas, contradice reglas como la del anonimato que le caracterizó durante el siglo XIX.
Rosa Elena Curruchich fue la primera mujer artista de San Juan Comalapa. Junto con su abuelo, el pintor Andrés Curruchich, son considerados precursores del arte naif -pintura creada por adultos que carecen de educación artística pero que preservan, en buena medida, la visión plástica de los niños- en su región natal. (Escuela mixta. Rosa Elena Curruchich. Cortesía de Rosa María Prera)
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Parte del encanto de la pintura popular radica en su alejamiento de los cánones académicos. Entonces, para crear un perfil característico, se puede entender a este producto artístico como lo elaborado por alguien sin capacitación formal, asociado a menudo, con áreas rurales. Sus contenidos surgen, en parte, gracias a las experiencias vividas, lo que se observa y las características culturales específicas que incluyen una gran variedad de referentes pasados y presentes.
Los historiadores han encontrado dos corrientes dominantes, ambas de igual importancia, de éstas surge la estructura de la expresión. Se trata de las vertientes que emergen en las comunidades Kaqchikel y Tz’utujil. La primera de ellas está representada por creadores de San Juan Comalapa y Patzicía. La segunda incluye artistas de los alrededores del lago de Atitlán que son Santiago, San Pedro y San Juan La Laguna. Otros artistas como los hermanos Alpacajá, muy populares en los años sesenta sy setentas?, vienen de localidades como Totonicapán para destacar junto a otros de Quetzaltenango, La Antigua Guatemala, Cobán, Quiché y la Capital.
Si en un principio las artes visuales estaban reservadas para los hombres, en el presente no es así. Las mujeres han enriquecido la panorámica creativa con nuevos temas, algunos de ellos domésticos, que suman nuevos motivos a la enorme producción existente. Entre ellas la primera en descollar fue Rosa Elena Curruchich.•